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La historia quiso irónicamente que el imperio laico más poderoso de la historia escribiera su epitafio, de la mano de Gorbachov, el día de Navidad. Aquella noche ondeó por última vez la bandera de la hoz y el martillo en el Kremlin. El mundo asistía pegado al televisor a la desintegración de un gigante con cabezas nucleares pero, económicamente, con los pies de barro.\r\n\r\n\"El viejo sistema se derrumbó antes de que empezara a funcionar el nuevo\". Con este certero diagnóstico, el primer y último presidente de facto de la URSS, Mijail Gorbachov, anunciaba el 25 de diciembre de 1991 su dimisión al frente del mayor Estado federal que jamás ha existido. 22.402.200 kilómetros cuadrados forjados a sangre y fuego por tres décadas de estalinismo (1920-53) y otras tantas en que el sistema nacido como una utopía igualitaria se reveló como una anquilosada maquinaria represiva.\r\n\r\nAquella misma noche, la bandera roja con la hoz y el martillo sería arriada por última vez de lo alto del Kremlin, donde ya sólo ondearía la tricolor rusa. Pocas veces un mero relevo de enseñas ha simbolizado un cambio tan profundo en la organización geopolítica del mundo.\r\n\r\nEl presidente George Bush padre, criticado por su lenta reacción, no daba abasto a la hora de reconocer el reguero de declaraciones de independencia que llegaban del desguace de la que fue la gran potencia enemiga durante la Guerra Fría.\r\n\r\nEl recientemente desaparecido Vaclav Havel, entonces líder checoslovaco, fue de los primeros en enviarle un mensaje a Gorbachov en el que afirmaba que, con él al frente, \"la URSS empezó a dejar de ser un imperio colonial y se encaminó hacia una comunidad de Estados libres\".\r\n\r\nDurante su mandato, iniciado en 1985, Gorbachov puso fin ala dictadura comunista, transformó la economía colectivizada en una de mercado y puso fin al dominio colonial sobre el Este de Europa y las repúblicas soviéticas. Las grietas en el telón de acero que dividía Europa desde el final de la II Guerra Mundial se abrían paso por todo el Este. Y más aún cuando el líder soviético decretó, en 1989, la libre adscripción de los países al Pacto de Varsovia, la respuesta soviética a la OTAN.\r\n\r\nUn hombre con prisa\r\n\r\nPero tamaños cambios no le bastaban al hombre que Gorbachov designó como jefe del PCUS en Moscú. Nacido en el mismo año que él, Boris Yeltsin (1931-2007) mostró ya en su época escolar su rebeldía contra la burocracia comunista, enfrentándose a una profesora en un episodio que a punto estuvo de costarle su brillante trayectoria académica.\r\n\r\nYeltsin coincidía con las reformas de Gorbachov, aunque tenía tanta prisa en acabar con los viejos privilegios y la burocracia comunista que fue destituido en 1987. Pero Gorbachov le permitió quedarse en Moscú con un puesto en el Ministerio de Construcción. Y Yeltsin, pese a que seguía teniendo prisa, esperó su momento. Paralelamente, la popularidad de Gorbachov empezó a erosionarse al ritmo que lo hacía la situación económica. Durante los años de Brezhnev, Andropovo Chernenko las reservas de crudo permitían sortear las crisis energéticas globales y mantener un complejo militar-industrial con el que seguir tuteando a EE UU. Pero el boom del petróleo acabó en 1985. La potencia que al disolverse acumulaba 30.000 armas atómicas y que había alcanzado algunos de los mayores logros en la era espacial debía tocar con los pies en el suelo.\r\n\r\nTodo ello coincidía con las crecientes tensiones interétnicas, el malestar del núcleo duro comunista y los aires independentistas que recorrían muchas repúblicas de la URSS. La situación tenía que estallar por algún lado, y lo hizo en agosto de 1991 en un golpe de Estado contraproducente que supuso el principio del fin. Del último intento de la vieja guardia para aferrarse al poder emergió un heroico Yeltsin -recién elegido presidente ruso erigido ante el Parlamento en defensor de la democracia. Poco después, el 8 de diciembre, él mismo junto a los líderes bielorruso y ucranio firmaba un pacto a espaldas de su mentor que suponía la muerte de la URSS.\r\n\r\nEn su último discurso, Gorbachov asumía errores y reivindicaba su legado: \"La sociedad recibió la libertad, se emancipó política y espiritualmente, y esta es la principal conquista, no valorada debidamente porque aún no hemos aprendido a aprovechar la libertad\". Dos décadas después, cuando aparecen las primeras grietas en la era Putin, sus palabras suenan aún vigentes.\r\n\r\n1985. NUEVO LÍDER.\r\n\r\nMijail Gorbachov se convierte, como nuevo secretario general del Partido Comunista, en el sexto y último líder de la URSS desde 1922. En diciembre, designa a Boris Yeltsin, un desconocido líder provincial del partido, como jefe del PCUS en Moscú. Ambos comparten la idea de cambio, aunque Yeltsin tiene más prisa y es más radical a la hora de acabar con las viejas estructuras.\r\n\r\n1987. PERESTROIKA.\r\n\r\nGorbachov propone ante el Comité Central del partido profundas reformas políticas y económicas. Estructura los cambios en dos ejes: Perestroika (reconstrucción) en materia económica y Glasnost (transparencia) para liberalizar el sistema político. En noviembre, un Yeltsin empeñado en que las cosas cambien más rápido, es destituido, pero se queda en Moscú como viceministro de Construcción.\r\n\r\n1988. OPOSICIÓN.\r\n\r\nLa vieja guardia comunista y la prensa oficial critican con dureza a Gorbachov, que sigue adelante con sus reformas: propone la figura del presidente y un Parlamento electo. Además recibe a Ronald Reagan, líder del archienemigo de la URSS en la Guerra Fría. Aires de cambio recorren repúblicas como Estonia, Letonia y Lituania y estallan tensiones interétnicas en Azerbaiyán, Armenia o Georgia.\r\n\r\n1989. ELECCIONES.\r\n\r\nComicios legislativos: Yeltsin arrasa en Moscú. Las sesiones parlamentarias se emiten por TV pero tienen tanto éxito que llegan a paralizar el país: los obreros dejaban de trabajar para seguirlas. Gorbachov retira las tropas de Afganistán, una guerra impopular. Walesa gana en Polonia. Con el muro de Berlín, en noviembre, cae mucho más que un símbolo. Checoslovaquia y Rumanía le siguen.\r\n\r\n6/1991. TRICEFALIA.\r\n\r\nCon la elección de Yeltsin como presidente de Rusia, Gorbachov como el de la URSS y la vieja guardia del PCUS luchando por mantener el poderse acerca el momento de la verdad. Las tropas soviéticas sofocan los movimientos independentistas en Letonia y Lituania. En marzo, los rusos dicen en referéndum que quieren cambios pero mantener algún tipo de unión. Aunque los Estados bálticos quieren más.\r\n\r\n19/8/1991. EL GOLPE.\r\n\r\nLa vieja guardia comunista, el jefe del KGB y varios jefes militares dan un golpe de Estado. Los tanques ocupan Moscú, se decreta el estado de emergencia y Gorbachov es retenido en Crimea por los golpistas. Yeltsin se dirige al Parlamento donde protagoniza el momento de su vida, al desafiar el golpe ante miles de manifestantes. La intentona fracasa y Yeltsin ilegaliza el Partido Comunista.\r\n\r\n12/1991. EL FINAL.\r\n\r\nEl 8 de diciembre, los líderes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania dan la última estocada a la URSS con la firma sin el conocimiento de Gorbachov de un acuerdo en Minsk para crear una nueva unión, a la que se sumarán la mayoría de las otras repúblicas. Pocos días después, el 25 de diciembre, en un discurso televisado de 10 minutos, Gorbachov anuncia su dimisión y la desintegración de la URSS.\r\n\r\nEL APUNTE\r\n\r\nLa historia, mejor con sentido del humor\r\n\r\nYouTube es una prodigiosa 'máquina del tiempo' para sumergirse en las imágenes de acontecimientos históricos como la caída de la URSS: Yeltsin subido a un tanque desafiando el golpe de Estado, el último discurso de Gorbachov, o también una hilarante versión de la historia de la URSS en ocho bits.\r\n\r\nENTREVISTA NICOLÁS DE PEDRO\r\n\r\n\"Los rusos no añoran la falta de libertades\"\r\n\r\nNicolás de Pedro, investigador del CIDOB y experto en Asia central, repasa los aspectos que llevaron al desmembramiento del coprotagonista junto a EE UU de la Guerra Fría y los problemas que afectan a la actual Rusia.\r\n\r\n¿Cuál fue el mayor error de Gorbachov?\r\n\r\nÉl mismo ha dicho que se arrepiente de no haber sido más enérgico a la hora de frenar a Yeltsin, quien como líder ruso puso fin a la URSS junto a Ucrania y Bielorrusia a sus espaldas.\r\n\r\n¿Y su mayor acierto?\r\n\r\nTener la valentía de poner en marcha unas reformas imprescindibles en una situación estancada como la de la URSS. Si él no hubiera dado este paso, la Unión Soviética hubiera podido durar más años.\r\n\r\nUn 20% de los rusos sienten nostalgia de los tiempos de la URSS. ¿Cómo lo valora?\r\n\r\nMe parece un porcentaje incluso bajo. La nostalgia está muy extendida por cierto bienestar que existía entonces respecto a problemas como el paro, y por el orden, la certidumbre y la estabilidad que garantizaba el régimen. Pero desde luego, los rusos no añoran la falta de libertades y de productos de consumo de aquellos días.\r\n\r\n¿Qué otros problemas pueden alimentar esta nostalgia?\r\n\r\nRusia tiene un serio problema con el consumo de drogas. El boom del narcotráfico se inició con la guerra con Afganistán en los ochenta, cuando se introducían opiáceos en el país a través de los aviones militares y muchos soldados empezaron a consumir heroína. 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Se trataba, sin embargo, de una autoconfirmación algo ambigua: encerraba en sí misma algo adormecedor, y, aunque fortalecía el desarrollo de muchas cosas positivas, al mismo tiempo arrojaba, sin querer, la política occidental en los brazos de ciertos estereotipos surgidos de la sensación de su propia infalibilidad. La falta de referencia temporal e histórica del totalitarismo contagiaron incluso a Occidente, que se acostumbró demasiado a la realidad de una división ideológica bipolar del poder del universo, al statu quo de la guerra fría, a la paz atómica, así como a la inalterabilidad de las cosas.\r\n\r\nEl llamado segundo mundo, tal como había sido conocido y aceptado por todos, explotó y se desmoronó por dentro en una explosión material salvaje a finales de los ochenta y principios de los noventa. Y, tras ella, ante el mundo atónito, apareció, de repente, un cráter del que emanaba lava. En dicha lava se mezcla una historia renacida, olvidada hace mucho tiempo, con miles de problemas económicos, sociales, étnicos, territoriales, culturales y políticos, cuya latente incubación bajo el aburrido totalitarismo era casi desconocida.\r\n\r\nSupongo que esa explosión sorprendió tanto a Occidente como a Oriente y sumió a la política occidental, ya un poco conmocionada, en un estado de asombro mayor. Diariamente encontramos motivos que nos demuestran lo difícil que es adaptarse a ella prescindiendo de los hábitos anteriores. Sentimos que todo ha cambiado repentinamente, pero no sabemos bien qué hacer con ello. De vez en cuando, incluso oímos voces nostálgicas azorando los tiempos en los que el mundo era más comprensible. ¿Qué actitud se debe adoptar ante la avalancha de nacimientos de nuevos Estados que invalidan los acuerdos de Helsinki, Yalta y Versalles? ¿Cómo reaccionar ante los diversos conflictos regionales o su amenaza, la erupción de pasiones nacionalistas y el odio? ¿Cómo hacer frente a las imprevisibles transformaciones geopolíticas que todo ello provocará? Parece que Occidente no sólo se encuentra confuso, sino que a raíz de las conmociones orientales está empezando a alterarse y a perder la estructura que su seguridad anterior le confería. De pronto, incluso en Occidente renace una variopinta escala de intereses, rivalidades y ambiciones geopolíticas que hasta ahora habían permanecido dormidas. Surgen problemas en las actuales relaciones de asociación debido a la paulatina desaparición de la presión que las mantenía unidas, y se diferencian, polarizan y enfrentan intereses parciales que la historia parecía haber enterrado hace mucho tiempo. De vez en cuando surge, incluso, la tentación de utilizar el fin de esta división bipolar del mundo para propiciar nuevas particiones.\r\n\r\nEl fin del comunismo nos ha sorprendido a todos. Pero esto no es importante. Al contrario, es algo más o menos evidente, casi banal y, en cierta medida, hasta comprensible.\r\n\r\nYo preferiría, si ustedes me lo permiten, destacar aquí otro aspecto de esos acontecimientos, el más oculto, el más profundo, el de mayor alcance; el que hasta ahora, que yo sepa, no suele inspirar los artículos de fondo de la prensa mundial. El fin del comunismo representa para la humanidad, en primer lugar, una noticia que todavía no hemos conseguido descifrar ni comprender suficientemente.\r\n\r\nEl fracaso del comunismo debe interpretarse como el punto final de una gran época de la historia humana, no sólo de los siglos XIX y XX, es decir, de la actualidad, sino también de toda la era moderna. Y como era moderna debe considerarse el tiempo en el que dominaba la convicción de que era posible conocer en su totalidad el mundo y el ser mismo regidos por una serie de leyes generales que, una vez aprendidas, el hombre puede dirigir de forma racional en su propio beneficio. Esta edad moderna, con el Renacimiento como preludio, pasó desde la iluminación hasta el socialismo, desde el positivismo hasta el cientificismo, desde la revolución industrial hasta la informática. Todo ello bajo el influjo del conocimiento racional del que se desprendían conceptos tan soberbios como que el hombre es la cima de todo lo existente, capaz de describir, explicar y dominar todo objetivamente, capaz de hacerse dueño de la única verdad objetiva acerca del mundo. Fue esta una era de culto a la objetividad impersonal, de acumulación de conocimientos objetivos y de su explotación técnica, de confianza en un progreso automático, tal como lo transmite la forma científica del conocer. Fue una era de sistemas, instituciones, mecanismos, promedios estadísticos, de informaciones consideradas como algo transferible y no necesariamente garantizado por la existencia misma. Fue una era de ideologías, doctrinas, interpretaciones de la realidad; una era cuya meta final consistía en hallar una teoría universal del mundo y, con ello, la llave universal de su desarrollo.\r\n\r\nEl comunismo representaba un extremo monstruoso de esa esencial orientación moderna. Fue un intento de organizar toda la vida de acuerdo con unas pocas doctrinas presentadas como la verdad única y realmente científica. Siguiendo un único modelo, planeándola y dirigiéndola solamente desde un punto, sin tener en cuenta si ella lo deseaba o no.\r\n\r\nPodemos entender la quiebra del comunismo como señal de que la actitud moderna, basada en el culto a la posibilidad de conocer el mundo objetivamente y generalizar completamente lo conocido, está definitivamente en crisis. Esa era dio mucho a la humanidad, creó la primera civilización técnica global o planetario, pero, al mismo tiempo, llegó hasta las mismas fronteras de sus posibilidades, detrás de las que comenzaba el abismo. El fin del comunismo representa una gran advertencia para toda la humanidad moderna. Es una señal de que la era del juicio absoluto y soberbio va rondando su final y de que ha llegado el momento de sacar conclusiones de ello.\r\n\r\nEl comunismo no ha sido derribado por la fuerza militar, sino por la vida, el espíritu humano, la conciencia, la resistencia del ser y del hombre a toda manipulación, la rebelión de la naturaleza multicolor, la historia articulado y la singularidad del hombre contra su encarcelamiento en el calabozo de una ideología uniformizante. Esa potente señal, esa elocuente misión llega a la humanidad en el último momento.\r\n\r\nTodos sabemos que nuestra civilización está amenazada. Desde la explosión demográfica hasta el efecto invernadero; desde los agujeros en la capa de ozono hasta el SIDA; desde el peligro del terrorismo nuclear hasta el abismo que se agudiza dramáticamente entre el Norte, en continuo enriquecimiento, y el Sur, en incesante empobrecimiento; desde la amenaza de hambrunas hasta la destrucción de la biosfera y el agotamiento de las fuentes minerales del planeta; desde la expansión de la cultura de consumo a través de la televisión hasta la amenaza creciente de las guerras regionales. Todo ello en conjunto y miles de otras cosas más han conformado algo que podemos denominar «estado de amenaza permanente para el hombre».\r\n\r\nResulta una gran paradoja del momento actual que el hombre -como gran receptor de informaciones-, por un lado, sea consciente de todo ello, pero, por otro, sea totalmente incapaz de hacer frente a tal amenaza. Las ciencias tradicionales describen, con la frialdad que las caracteriza, distintas alternativas de nuestra destrucción, pero no pueden ofrecer una guía verdaderamente eficaz y realizable para evitarlas. Hay demasiadas incógnitas, es difícil orientarse, es imposible captar o comprender y, más aún, dominar y detener esos procedimientos. El hombre moderno se enorgullece de que, con su objetividad, logró liberar a un enorme genio, aparentemente obediente, encerrado antes en la botella; pero ahora comprueba, también objetivamente, que no puede volver a encerrarlo en ella.\r\n\r\nNo lo conseguimos porque no sabemos ver más allá de nosotros mismos y tratamos de afrontar los hechos como los habíamos desencadenado. Buscamos nuevas fórmulas científicas, nuevas ideologías, nuevos sistemas directivos, nuevas instituciones, nuevos mecanismos para poder eliminar las consecuencias fatales de nuestras fórmulas, ideologías, sistemas directivos, instituciones y mecanismos anteriores como si se tratara de desperfectos técnicos que se pueden reparar de nuevo sólo por medios técnicos. Estamos buscando una salida objetivista al objetivismo.\r\n\r\nTodo parece indicar que no es este el camino que debemos seguir. Es imposible -en el marco de las relaciones que conducen a una realidad basada en posturas tradicionales de la era moderna- inventar un sistema que elimine las consecuencias nefastas de los sistemas anteriores. No es posible descubrir una ley o teoría cuya aplicación técnica acabe con las consecuencias nefastas de la aplicación mecánica de leyes y teorías anteriores.\r\n\r\nHace falta algo más. Es preciso cambiar, de un modo radical, la actitud del hombre ante el mundo. Debemos renunciar a nuestra jactancioso idea de que el mundo es sólo un rompecabezas que resolver, una máquina para la cual basta encontrar instrucciones de manejo, un conjunto de informaciones que introducir en un procesador esperando que, tarde o temprano, salga de él una solución universal.\r\n\r\nEstoy profundamente convencido de que es necesario que nos liberemos de la esfera de nuestras pequeñas peculiaridades privadas y rehabilitemos fuerzas como la experiencia natural del mundo -única e irrepetible-, el sentido elemental de justicia, la compenetración, la responsabilidad trascendental, la sabiduría arquetípica, el buen gusto, el valor, la compasión y la fe en la importancia de acciones concretas que no aspiran a convertirse en clave universal, es decir, objetiva o incluso técnica, para la salvación. Es preciso conceder una nueva oportunidad a las cosas para que se manifiesten tal como son, sentir su carácter único, percibir la pluralidad del universo dejando de atarla constantemente con la búsqueda de denominadores comunes y la reducción de todo a una ecuación conjunta. Hay que entender más que explicar. El camino viable no consiste en la mera construcción de soluciones sistemáticas universales, impuestas a la realidad desde fuera, sino también en una penetración individual en sus entrañas. Tal actitud fomenta una atmósfera de solidaridad tolerante y de unión en la diversidad basada en el respeto recíproco, en una pluralidad y paralelismo auténticos. Es decir, hace falta rehabilitar la singularidad humana, el acto humano y el alma humana.\r\n\r\nTambién el mundo tiene algo parecido a un alma. Pero no se trata de un mero conjunto de informaciones objetivas, tomadas desde fuera, que podamos recoger automáticamente. 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Las ideas y los actos auténticamente originales, únicos y, por ello, peligrosos, tras pasar por el cedazo de análisis y pronósticos objetivos, pierden a menudo su ethos humano y de hecho también su alma. Muchos de los mecanismos democráticos tradicionales creados, desarrollados y, al mismo tiempo, conservados por los tiempos modernos, han sido vinculados a la era del culto a la objetividad y a la estadística, en tal medida que son capaces de anular la singularidad del hombre. Incluso en los discursos políticos se observa que las frases hechas rompen el tono personal; y si éste aparece, es más bien producto de cálculos de expertos que emanación de una personalización auténtica.\r\n\r\nTengo la impresión de que, tarde o temprano, la política encontrará su nuevo rostro posmodernista. El político debe volver a ser un hombre que confíe no sólo en una imagen científica y en un análisis especializado del mundo, sino también en el mundo como tal; no sólo en estadísticas sociológicas, sino también en la gente; no sólo en una interpretación objetiva de la realidad, sino también en su alma; no sólo en una ideología adoptada, sino también en sus propias ideas; no sólo en la información externa, sino también en sus sentimientos. El alma, la espiritualidad personal, una visión individual de las cosas y no mediatizada por nada, el valor de ser como se es y de seguir el propio camino, sugerido por la conciencia; la humildad ante el misterioso orden del ser, la fe en su orientación natural y, sobre todo, la fe en nuestra subjetividad como conexión principal con la subjetividad del mundo son, a mi juicio, las facultades que deben cultivar los políticos del porvenir.\r\n\r\nAl ver la política, digamos, desde dentro, me he afianzado en la certeza de que el mundo actual de transformaciones dramáticas y de riesgos de destrucción global representa un gran reto al que la política debe prestar atención. No se trata sólo de inventar nuevos y mejores métodos para administrar la sociedad, la economía y el mundo en general. Se trata de cambiar totalmente su comportamiento. 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No se puede creer que nuestras actuaciones diarias, realmente únicas, aunque microscópicas, carecen de sentido porque son incapaces de solucionar los enormes problemas del mundo actual.\r\n\r\nEsta seguridad, nihilista a priori, es una manifestación clara de aquella razón soberbia moderna que cree haber comprendido cómo funciona el mundo.\r\n\r\nPero ¿qué sabemos nosotros sobre ello?\r\n\r\n¿Cómo podemos saber si una conversación accidental de dos banqueros con el príncipe de Gales esta noche, en la cena en Davos, no se convertirá en la semilla de una magnífica flor que hará que el mundo entero se asombre?\r\n\r\nEn una civilización global pueden desesperarse solamente los que buscan una artimaña técnica para su salvación global. 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Así lo ha manifestado el embajador yugoslavo ante las Naciones Unidas en Ginebra, Branko Brankovic. \"Este tribunal para nosotros no existe y por tanto la\r\ninculpación tampoco\".\r\n\r\nRespecto al efecto que esta acusación pueda tener en el actual proceso de negociación, Brankovic comentó que \"habrá que ver lo que pasa hoy cuando (el negociador ruso) Viktor Chernomirdin llegue a Belgrado\".\r\n\r\nLa OTAN apoya la decisión y continuará su campaña\r\n\r\nLa OTAN ha afirmado que \"toma nota\" de la decisión del Tribunal Internacional de crímenes de guerra en la ex Yugoslavia, que \"es una organización independiente\", de inculpar al presidente yugoslavo, Slobodan Milosevic, y a otros cuatros dirigentes yugoslavos de \"crímenes contra la humanidad\".\r\n\r\nPor otra parte, los países de la OTAN \"continuarán aportando información al Tribunal para apoyar sus acusaciones\" al considerar que los acusados de crímenes de guerra \"deben\r\nser juzgados, porque no habrá paz en la región sin justicia\".\r\n\r\nEEUU: \"No hay acuerdo posible de inmunidad\"\r\n\r\nEstados Unidos se opondrá a cualquier intento del presidente yugoslavo, Slobodan Milosevic, de obtener inmunidad para los crímenes por los que ha sido inculpado, y quiere que sea juzgado. \"Queremos que la justicia siga su curso y pensamos que el presidente Milosevic deberá comparecer ante el tribunal para ser juzgado\", ha declarado el portavoz del Departamento de Estado, James Rubin.\r\n\r\n\"No hay acuerdo posible de inmunidad y no apoyaremos los esfuerzos de nadie que lo sugiera\", recalcó. \"Decimos desde hace mucho tiempo que Milosevic es personal y políticamente responsable, y la fiscal del Tribunal ahora también dice que es criminalmente responsable\".\r\nAdemás, esta situación no modificaría los objetivos de la OTAN en Kosovo.\r\n\r\nLa ONU, a favor de que la Justicia siga su curso\r\n\r\nEl secretario general de la ONU, Kofi Annan, ha declarado que la \"justicia debe seguir su curso\" tras conocer la decisión del Tribunal. 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El 29 de marzo de 2004, sin embargo, fuero Estonia, Letonia, Lituania, Bulgaria, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia quienes entraron a formar parte de la Alianza. Cuatro años después, la OTAN abrió la puerta a la futura adhesión de Ucrania y Georgia.\r\n\r\n- El 6 de octubre de 1998, Moscú, aliado de los serbios, amenaza con volver a los tiempos de la Guerra Fría si la OTAN interviene en Kosovo. Dos días antes de los primeros bombardeos de la Alianza, el 26 de marzo de 1999, el entonces presidente ruso, Boris Yeltsin, exigió al embajador de la OTAN en Moscú que abandonase el país y congeló la cooperación militar.\r\n\r\n- Nueve años después, la guerra entre Rusia y Georgia volvió a enfrentar a los dos bloques. El 19 de agosto de 2008 y ante la intervención rusa, la OTAN suspendió el consejo de cooperación con Moscú. Rusia prosiguió su ofensiva y congeló su cooperación con la Alianza, a la que culpó del conflicto. 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Moscú expresó su rechazo y respondió desplegando misiles en Kaliningrado, enclave ruso junto al mar Báltico.\r\n\r\n- La primavera árabe ha puesto frente a frente a Rusia y a las potencias occidentales. En marzo de 2011, Moscú se abstuvo en la votación celebrada en la ONU que permitía el uso de la fuerza para defender a los libios en la ofensiva del régimen de Muamar el Gadafi. La representación rusa criticó además los ataques de la OTAN por ir más allá del mandato de Naciones Unidas. 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In his memoirs, the former chancellor has described how British Prime Minister Margaret Thatcher famously told the heads of state when they were gathered for dinner: \"We beat the Germans twice, and now they're back.\"\r\n\r\n\r\nIt's no secret that Thatcher was a bitter opponent of German reunification. But new documents released Thursday by the Foreign and Commonwealth Office show how she insisted that her government resist the historic development. She repeatedly reined back then-Foreign Minister Douglas Hurd and Christopher Mallaby, Britain's ambassador in Bonn, who wanted to signal his support for reunification on the day the wall came down.\r\n\r\nMallaby wrote to Hurd on that day -- November 9, 1989 -- saying it was \"in our interests\" to respond positively to developments in Germany. But when Hurd visited Berlin a few days later, he dutifully towed Thatcher's line, saying that reunification was \"not currently on the agenda.\"\r\n\r\nThe 500-page tome of letters and memos released this week date back to between April 1989 and November 1990. They reveal, for example, how then-French President Francois Mitterrand, speaking in a private conversation with his British counterpart, fuelled her mistrust of the Germans. Over lunch in the Elysee Palace on January 20, 1990, Mitterrand warned Thatcher that reunification would result in Germany gaining more European influence than Hitler ever had. His gloomy forecasts included a return of the \"bad\" Germans, according to previously secret notes made by Thatcher's foreign policy adviser, Charles Powell.\r\n\r\nTaming the Germans?\r\n\r\n\r\nBy mid-January 1990, Mitterrand had come to terms with the pending reunification, which he viewed as an unstoppable process. However, he still thought it would be prudent for Thatcher to publicly oppose the plan in a bid to wrest concessions from Germany in European agreements.\r\n\r\nBut Thatcher, for her part, believed up until February 1990 that she would be able to slow the pace of reunification. She felt it was all happening far too quickly and feared that Soviet leader Mikhail Gorbachev would be destabilized by reunification, a concern borne out by history. She backed a five-year transitional period with two German states and did not share Mitterrand's optimism that the Germans could be tamed by being incorporated into European institutions. \"The problems will not be overcome by strengthening the EC\" she wrote on February 2, 1990, in an internal memo, referring to the predecessor organization of the European Union. \"Germany's ambitions would then become the dominant and active factor.\"\r\n\r\nIn public, Thatcher became known for her shrill warnings about the German appetite for power. In an interview with SPIEGEL on March 26, 1990, she said that Kohl had told her that he did not recognize the Oder-Neisse border with Poland, a frontier which had been drawn up after World War II. Kohl was enraged by her remarks and said he had never made such a statement.\r\n\r\nTwo decades after the fall of the Berlin Wall, the British Foreign and Commonwealth Office wants to improve the reputation of the British during this key period in German history. The new documents reveal that Foreign Ministry diplomats were considerably more farsighted than Thatcher, who was led by her gut reaction against Germany.\r\n\r\nThe long-secret papers show that the British government played a far more constructive role in German reunification than had been previously thought. Only one person had serious doubts about the change: Margaret Thatcher.\r\n\r\nDeep-Seated Suspicion\r\n\r\nBut even the Iron Lady gradually gave up her resistance to reunification when the framework for the Two-Plus-Four Agreement was drawn up, paving the way for the two states to merge. After a meeting in Chequers, Thatcher's country residence, on January 27, Foreign Minister Hurd noted a slight softening in her position. \"Usual diatribe against German selfishness,\" Hurd noted in his diary, \"but the hankering to stop unification now comes less often, and we are into 'transition' and reducing the British Army of the Rhine.\"\r\n\r\nAccording to a note believed to be penned by Thatcher or Powell, Hurd voiced a warning to the prime minister on February 23: \"The Foreign Secretary said we must not appear to be a brake on everything. Rather we should come forward with some positive ideas of our own,\" the note said. The authors of the book write of the Foreign Ministry's \"war of attrition,\" which Thatcher slowly wound down.\r\n\r\nThe fact that France, the Soviet Union and the United States supported German reunification also had an impact on her stance. Gradually Thatcher moved into the German political mainstream -- but she never lost her deep-seated suspicion of the Germans.\r\n\r\nFor example, in March 1990, she invited historians and politicians to a discussion at Chequers to address the question: \"How dangerous are the Germans?\" At the end of the seminar, her adviser Powell noted that they reached unanimous agreement that \"we should be nice to the Germans.\""]]]],["element",{"elementId":"56"},["name","País"],["description"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"30472"},["text","Alemania"]]]],["element",{"elementId":"53"},["name","Enlace"],["description"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"30473"},["text","<a href=\"http://www.spiegel.de/international/europe/the-iron-lady-s-views-on-german-reunification-the-germans-are-back-a-648364.html\" target=\"_blank\">http://www.spiegel.de/international/europe/the-iron-lady-s-views-on-german-reunification-the-germans-are-back-a-648364.html</a>"]]]]]],["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"1"},["name","Dublin Core"],["description","The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. 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According to the constitution of the united Germany, acts tending to and undertaken with the intent to disturb the peaceful relations between nations, especially to prepare for aggressive war, are unconstitutional and a punishable offence. The Governments of the Federal Republic of Germany and the German Democratic Republic declare that the united Germany will never employ any of its weapons except in accordance with its constitution and the Charter of the United Nations.\r\n\r\nARTICLE 3\r\n\r\n(1) The Governments of the Federal Republic of Germany and the German Democratic Republic reaffirm their renunciation of the manufacture and possession of and control over nuclear, biological and chemical weapons. They declare that the united Germany, too, will abide by these commitments. 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The Federal Government regards its commitment to reduce ground and air forces as a signficant German contribution to the reduction of conventional armed forces in Europe. 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The Government of the united Germany will conclude with the Governments of those states which have armed forces stationed in Berlin treaties with conditions which are fair taking account of the relations existing with the states concerned.\r\n\r\n(3) Following the completion of the withdrawal of the Soviet armed forces from the territory of the present German Democratic Republic and of Berlin, units of German armed forces assigned to military alliance structures in the same way as those in the rest of German territory may also be stationed in that part of Germany, but without nuclear weapon carriers. This does not apply to conventional weapon systems which may have other capabilities in addition to conventional ones but which in that part of Germany are equipped for a conventional role and designated only for such. Foreign armed forces and nuclear weapons or their carriers will not be stationed in that part of Germany or deployed there.\r\n\r\nARTICLE 6\r\n\r\nThe right of the united Germany to belong to alliances, with all the rights and responsibilities arising therefrom, shall not be affected by the present Treaty.\r\n\r\nARTICLE 7\r\n\r\n(1) The French Republic, the Union of Soviet Socialist Republics, the United Kingdom of Great Britain and Northern Ireland and the United States of America hereby terminate their rights and responsibilities relating to Berlin and to Germany as a whole. As a result, the corresponding, related quadripartite agreements, decisions and practices are terminated and all related Four Power institutions are dissolved.\r\n\r\n(2) The United Germany shall have accordingly full sovereignty over its internal and external affairs.\r\n\r\nARTICLE 8\r\n\r\n(1) The present Treaty is subject to ratification or acceptance as soon as possible. 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También los occidentales tendrán tres meses para armonizar su postura sobre \"el polvorín de los Balcanes\".A mi entender, sus dudas -por no decir divisiones- frente a la pugna entre Belgrado y las dos repúblicas independentistas de la federación se basan en un malentendido.\r\n\r\nVarios países de la Comunidad Europea, temiendo un contagio del separatismo en su propio suelo, se han mostrado obstinadamente aferrados a la fórmula de la unidad yugoslava y han considerado a croatas y eslovenos como unos aguafiestas asimilables a los terroristas. No se ha tenido en cuenta que Yugoslavia no es un Estado nación comparable a los occidentales, con una unidad consagrada por la historia, y una legitimidad, por estructuras gubernamentales eficaces.\r\n\r\nEn efecto, creada tras la guerra de 1914, Yugoslavia -en parte formada por un conglomerado de restos de la monarquía austro-húngara y del imperio turco- es una formación multinacional reciente que jamás ha conseguido unir democráticamente a sus partes y que sólo se ha podido sostener gracias a la dictadura real y después a la comunista. El conflicto actual no es un conflicto entre un Gobierno federal de reconocida legitimidad y unos nacionalismos separatistas, extremistas e irresponsables, sino que ha surgido entre unos dirigentes nacional-comunistas serbios que controlan el Ejército y la policía federales -de hecho serbios-, decididos a someter a unos eslovenos y unos croatas que se han otorgado Gobiernos democráticos, se orientan hacia Europa y que, para continuar participando en el Estado, proponen su transformación en una confederación.\r\n\r\nNo se puede ignorar que ha sido la negativa de los serbios de Belgrado la que ha decidido a las dos repúblicas a dar el paso hacia un status de independencia. Así, el conflicto actual es, como demostraremos, ideológico, nacional, político y económico.\r\n\r\nInconsecuente\r\n\r\nEn estas condiciones, Occidente, aun comprendiendo su tendencia a mantener el statu quo territorial, sería inconsecuente -sobre todo tras haber proclamado con tanto entusiasmo el fin de la dominación comunista en Europa Central- si tendiera hoy su mano para mantener a dos repúblicas democráticas bajo el yugo comunista.\r\n\r\nPara entender mejor la situación actual, debemos retroceder al pasado. De todos los países de la Europa central y suroriental, Yugoslavia, una vez considerada modelo del socialismo independiente y relativamente liberal, ha sido la más gravemente afectada por la crisis general del sistema comunista. Y ello porque a la crisis económica y social se añadían tensiones de orden nacional, como ocurre en la Unión Soviética, modelo de Tito.\r\n\r\nEn el origen del conflicto se encuentran divergencias económicas. Estaba en juego el control de los fondos de desarrollo gestionados por Belgrado y teóricamente destinados a nivelar las grandes desigualdades existentes entre el norte y el sur. Eslovenia y Croacia, que disponían de economistas de nivel europeo y de estructuras más desarrolladas, se consideraban dañadas por la importancia del porcentaje que debían aportar a los fondos federales y que les impedía efectuar inversiones con vistas a hacer su economía más competitiva.\r\n\r\nPor otra parte, los serbios -la nacionalidad más numerosa- se sentían en desventaja tras la aplicación de la última Constitución de Tito, la de 1974, cuyas medidas de descentralización habían dispersado a gran número de serbios en las otras repúblicas (600.000 en las regiones de Knin y de Krajna en Croacia, los serbios de Kosovo -10% frente al 90% de albaneses-).\r\n\r\nLa frustración de los serbios era hábilmente explotada por el joven y fogoso dirigente comunista serbio Milosevic, que veía en ella un instrumento eficaz para la salvación del régimen comunista y se hacía portavoz de un nacionalismo a ultranza. Comenzó por meter en cintura las regiones de Kosovo y Voivodina y por reprimir brutalmente, a pesar de la protesta de las otras repúblicas, a los autonomistas albaneses. En 1990 tuvieron lugar las elecciones legislativas que dieron en Croacia una gran mayoría al partido democristiano de Franjo Tudjman, mientras en Eslovenia llevaron al poder a un comunista reformador, Milan Kucan, quien se identificó totalmente con el movimiento independentista.\r\n\r\nEl conflicto se incuba\r\n\r\nDurante varios meses, la crisis se fue incubando. El boicoteo por parte de los dirigentes serbios a la elección como presidente de la federación del delegado de Croacia, Stipe Mesic, llevó al paroxismo el desacuerdo entre las repúblicas.\r\n\r\nEl jefe del Gobierno federal, Ante Markovic, un croata de sensibilidad unitaria y que tuvo el mérito de estrangular la hiperinflación en 1990, intentó una mediación a través de un proyecto que, conservando el status federal del país para los asuntos extranjeros, las finanzas y la defensa, proponía una ampliación de las competencias de las repúblicas. Sus tentativas fracasaron por la intransigencia de unos y otros. Las repúblicas eslovena y croata respondieron poniendo en marcha su intención ya anunciada de proclamar su soberanía, manteniendo su propuesta de creación de una confederación de Estados soberanos.\r\n\r\nEstas declaraciones fueron, sin embargo, recibidas en Belgrado como una provocación. También fueron deploradas por Washington y los Doce. El Estado Mayor del Ejército reclamó enseguida la proclamación del estado de excepción.\r\n\r\nLos principales incidentes violentos estallaron en los dos enclaves serbios de Croacia, donde la población, armada por los nacionalistas de Belgrado, se declaró independiente del poder de Zagreb, expulsando a los policías croatas y poniendo barricadas en la carretera turística que lleva al Adriático. Acto seguido, el Ejército sacó sus carros blindados y sus helicópteros de los cuarteles de Eslovenia para hacer entrar en razón a los independentistas. Da la impresión, sin embargo, que subestimó la voluntad y capacidad de resistencia de los eslovenos. Los golpes dados por las milicias, las deserciones masivas de soldados federales y la confusión reinante en Belgrado parecían llevar a Milosevic y a los jefes del Ejército que le eran fieles a una valoración más realista de la situación.\r\n\r\nIntervención de los Doce\r\n\r\nRecordamos que fue en ese momento cuando los Doce decidieron intervenir. Era una buena ocasión para reparar la molesta impresión de impotencia dada por Europa durante la guerra del Golfo. Esta vez se trataba de arreglar un asunto europeo. A primera vista, los tres emisarios enviados por la CE parecieron tener éxito: persuadieron a los serbios para que reconocieran a Mesic como presidente y a las dos repúblicas para retrasar tres meses su independencia. Pero el alto el fuego sólo fue respetado durante algunas horas, especialmente en Croacia, donde serbios y croatas se enfrentaron con creciente violencia. En cuanto a los eslovenos, pusieron en libertad a los numerosos prisioneros serbios, pero se negaron a entregar las fronteras con Austria e Italia.\r\n\r\nLa segunda misión de la CE parece haber tenido más éxito. Pero una vez más, el resultado parece precario. Incluso si los dirigentes serbios del Ejército federal se abstuvieran realmente de cualquier nueva intervención contra los eslovenos, es posible preguntarse si manifestarán la misma contención respecto a los croatas, a los que acusan de atacar a sus compatriotas y con los que tienen viejas cuentas que saldar.\r\n\r\nCompromiso\r\n\r\nEn el caso de que el conflicto se desplazara a Croacia y si los serbios se contentaran con restablecer su control de esa república, ¿cuál sería la actitud de los Doce y de los americanos? ¿Cuáles podrían ser, además de las sanciones a Yugoslavia en su conjunto, las medidas a tomar para sentar a los adversarios a una mesa de negociaciones? ¿Podría hacer una elección clara entre la prioridad que ellos dieron al mantenimiento de un statu quo, por otra parte delicuescente, y el derecho a la autodeterminación de dos naciones que, frente al comunismo, han optado por la democracia y por Europa?\r\n\r\nSea cual sea el curso que tomen los acontecimientos, la única alternativa a la guerra civil y a un estallido general parece, hoy igual que ayer, un compromiso que permita la transformación del Estado federal en una confederación de Estados soberanos que se comprometan a cooperar pacíficamente. Y habría que hacerse una última pregunta, si dicha solución es posible sin que la república serbia, que tiene en sus manos la llave de la situación, pase a la democracia.\r\n\r\nFrançois Fejtö es historiador de origen húngaro y autor del libro Réquiem por un imperio difunto, sobre los últimos años del Imperio Austrohúngaro.\r\n\r\n* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de julio de 1991"]]]],["element",{"elementId":"56"},["name","País"],["description"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"29930"},["text","España"]]]],["element",{"elementId":"53"},["name","Enlace"],["description"],["elementTextContainer",["elementText",{"elementTextId":"29931"},["text","<a href=\"http://elpais.com/diario/1991/07/10/internacional/679096823_850215.html\" target=\"_blank\">http://elpais.com/diario/1991/07/10/internacional/679096823_850215.html</a>"]]]]]],["elementSetContainer",["elementSet",{"elementSetId":"1"},["name","Dublin Core"],["description","The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. 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